Legítimamente, el parlamento catalán planteó la reforma del estatuto. Luego, un irresponsable, candidato a presidente del gobierno, dijo que apoyaría el estatuto que aprobara ese parlamento. Ese estatuto se aprobó y, ya como presidente (en parte gracias a esa promesa), acabó no apoyándolo tal cual salió, porque era inconstitucional, entre otras razones.
Entonces, otro irresponsable, el presidente del primer partido de la oposición español, puso un recurso de inconstitucionalidad a un montón de artículos del estatuto (esto es legítimo) pero no lo puso a otras reformas de estatutos de otros parlamentos autonómicos, con muchos de esos artículos exactamente con la misma redacción.
Más tarde, otro irresponsable, presidente del primer partido de la oposición de Cataluña, dijo que el Tribunal Constitucional no tenía derecho a modificar el estatuto. Con un par.
Además, el responsable presidente del primer partido de la oposición español, se negó a renovar el Tribunal Constitucional, que tenía la mayoría de los miembros caducados, alguno muerto y otro excluido de la votaciones, sólo en virtud de un cálculo sobre esta sentencia, importándole un pimiento la legitimidad de este tribunal y reforzando a los que, irresponsablemente, lo ponían y ponen en entredicho.
Los miembros del Tribunal Constitucional, irresponsablemente, se tomaron cuatro años para dictar una sentencia, en cuyas votaciones se detectaba muy claramente la ideología de los partidos que eligieron a cada miembro.
Con la sentencia, un irresponsable presidente de la Generalitat, convoca una manifestación contra la sentencia, que será una fiesta independentista y de deslegitimación del Estado y del Tribunal Constitucional.
El irresponsable presidente del primer partido de la oposición de Cataluña se descuelga diciendo que España no nos quiere, como si él no fuera español y como si los que somos españoles y catalanes fuéramos extraños, no contáramos o no nos quisiéramos.
Finalmente, un irresponsable expresidente del gobierno español, sospecho que harto de vino, dice que el estado de derecho estuvo al límite de la quiebra. Ni más ni menos. Como si su partido fuera inocente y él también.
Y todo esto con un 20% de paro y la Seguridad Social y el sistema educativo degradándose a pasos agigantados. Por poner tres ejemplos sangrantes.
Y en Antas, entrados en julio, no tenemos presupuestos del año aprobados. La responsabilidad de nuestros representantes es aprobarlos en plazo. ¿Cómo se puede gobernar sin presupuestos? Mal. Y con la crisis que tenemos, peor. No tener los presupuestos aprobados a estas alturas del curso es hacerse trampas al solitario y una irresponsabilidad muy poco aceptable.