Diego “Neniche” tiene trece años. Y ya le sobra talento, ingenio e intuición. Fijándose en el mecanismo de una guitarra ha construido un instrumento que, con mucha gracia, llama “nenichófono”.
A simple vista puede parecer menos de lo que es, pero si uno se fija tiene algo de prodigioso. El instrumento consta de trece cuerdas que, siguiendo la escala heptatónica, empieza en un La y acaba en un Fa, cubriendo casi dos octavas.
La gracia es que cada cuerda tiene un tornillo, como la guitarra, que permite afinarlo. Además, también como la guitarra, cada cuerda, tiene un puente en cada extremo, lo que hace que el sonido sea limpio, sin distorsiones.
Además, Diego tiene oído, con lo que es capaz de afinarlo perfectamente, y puntear melodías que suenan con mucha gracia.
La nota más antusa, el día que me enseño el nenichófono, la puso Diego de la Cafetería. En el momento de echarse la siesta del carnero (antes de comer) le da una voz y le dice:
- Dieguico, nene, toca un poco de música mientras me duermo.
¿Se puede estar más a gusto que echándote una siesta en tu cortijo mientras suena, en riguroso directo, el nenichófono?