Somos así. Tendemos a reírnos de lo desconocido y de lo diferente. Una semana intercultural nos suena a coña buenista y pesada. Pero son prejuicios. Tuve ocasión de echar la tarde con la colonia senegalesa que hay en Antas. Comí bien, hice amistades y pasé un magnífico rato.
Felipe es el miembro más antiguo de esta colonia y algo así como su alma. La noche anterior organizaron un concierto estupendo con grupos de varios orígenes en el que brilló la banda cubana “chocolate”. También la percusión de los timbales senegaleses, aunque se hace un poco extraña a nuestro oído. No estamos acostumbrados a la una cadencia tan repetitiva. Como todo lo bueno, requiere aprendizaje y como el flamenco o la música clásica, pide educar el oído.
A cada uno lo suyo. Desde la concejalía de asuntos sociales y desde el la dirección del centro de mayores se trabajó para que esta tercera semana cuajara bien. Además, Felipe puso un gran esfuerzo y las mujeres senegalesas el trabajo en la cocina. Cocina que a pesar de tener algunos sabores que nos resultan extraños, me pareció estupenda. Un descubrimiento. El espacio lo puso Diego el de Leonor. En el invernadero cupimos todos y a pesar de ser un día caluroso quitando los cerramientos
se estaba razonablemente fresco.
Pienso que la Semana Intercultural está consolidada. Y como todo lo que se hace bien, al final da sus frutos. Después de la comida, ya en la cafetería Leo, sacaron los timbales otra vez. En un lugar más recogido, con los estómagos llenos y alguna copa a medias, se vivió un cierto ambiente de fiesta muy agradable, nada artificial. Al final bailaron senegales y antusos de antiguo, en mitad de un hartón de reír, como debe ser.
No creo mucho en las personalidades de los países. Me hieden a tópico fácil y sobado. Además, los he tenido que sufrir en tanto que español y en particular como andaluz y catalán. En general me parecen una estupidez supina. Así que no diré que los senegales son más alegres o más abiertos. Otra cosa son los hábitos y las tradiciones. Y los senegales tienen una tradición musical estupenda que los hace ser más desinhibidos y más naturales cuando suena música. En definitiva son menos acomplejados a mostrarse bailando y cantando en público. Tradición que me parece envidiable.
Ojalá el buen trabajo hecho con la comunidad senegalesa se pueda trasladar a otras comunidades para conseguir un lugar para la relación tan bueno como este. La gestión de la inmigración nunca es fácil, requiere trabajo, imaginación y paciencia pero un pueblo con una historia de tanta emigración como Antas (yo mismo soy fruto de esa historia) parece razonable que lo logre.
Loreto, la concejala, MªCarmen, que dirige el centro de adultos,
y el grupo de mujeres que colaboraron en que todo fuera un éxito.
Roque, Felipe y Diego