En Andalucía se ve que no paga impuestos ni Dios
Es conveniente decidir el voto antes de la campaña electoral. Eso nos permite ahorrarnos el bochorno y la vergüenza que en cada elección tenemos que sufrir la población.
En las campañas electorales, los mensajes tienen a simplificarse hasta la náusea, el respeto y el sentido común desaparecen, y uno acaba por tener la sensación de que los candidatos actúan más guiados por sus vísceras y por sus instintos que por la razón y el respeto como sería deseable.
Si ya normalmente la propaganda domina a la comunicación, en la campaña electoral todo se vuelve pobre y a menudo grosero.
Pero incluso con la voluntad de mantenerse al margen de la ciénaga que es la campaña resulta imposible evitar que el barro le salpique a uno. Ha sido el caso del último exabrupto que ha soltado Joan Puigcercós por su boquita de piñón. Ya sabíamos de él que su nivel era el que era. Baste decir que toda su vida ha vivido de, por y para la política, exclusivamente, y que además carece de experiencia previa y de formación a tener en cuenta. Y eso explica bastante bien el personaje. Y por ende las declaraciones.


