Rifirrafe poco edificante
En el último pleno se produjo una situación francamente desagradable que quiero comentar. Puesto que no estuve y sólo tengo versiones, varias, de terceras personas, me resulta complicado formarme una opinión sólida. En estos caso ceñirse a los hechos suele aportar algo de luz.
Y los hechos fueron:
En el turno de ruegos Ginés, conejal del equipo de gobierno, tomó la palabra y se dirigió a Ana Joaquina, para recriminarle que en alguna radio haya puesto en crisis las adjudicaciones hechas por el ayuntamiento (en particular a su propia empresa). De paso soltó la siguiente perla “con tus ingresos no entiendo que hayas pagado la carrera a cuatro hijos ni el patrimonio que tienes”.
Ana Joaquina interrumpió varias veces los turnos durante el pleno y la alcaldesa, después de apercibirla, acabó expulsándola.
Isabel, la alcaldesa, cortó a voces, y dando un puñetazo sobre la mesa, a Ginés cuando insistía en la cuestión y ella había mandado no tratar cuestiones personales.
Ana Joaquina se fue del pleno espetando un estridente “fascista” a la alcaldesa.
Hasta aquí los hechos. Seguramente hay más pero con la distancia y las versiones esto me parece lo más significativo.
Se me ocurren varias consideraciones:
Ser concejal, o alcaldesa, es un cargo que se ejerce todo el día y que uno debe evitar degradar con su comportamiento. Insultar es degradar el cargo y degradarse uno mismo. Además de faltar al respeto a los antusos.
Las formas son fundamentales en el trato político, como el procedimiento lo es en el trato con la administración. Las formas (y el procedimiento) son el principio y el fin de todo. Sin ellas el contenido carece de sentido.
El pleno no parece el lugar adecuado para pedir explicaciones de unas declaraciones hechas en la prensa. Mucho menos cuando se es gobierno. En el pleno quien pide explicaciones es la oposición y quien las da es el equipo de gobierno.
El reglamento de funcionamiento del pleno debe estar pensado para ayudar al debate no para limitarlo. Un máximo de dos turnos por grupo y punto o responder las preguntas que hace la oposición en el siguiente pleno entorpecen el debate. Si el pleno se alarga demasiado, que se alargue. Al fin y al cabo se hace uno cada tres meses.
Comprendo bien la dificultad que tiene dirigir un pleno municipal. Especialmente cuando buena parte de los concejales no están por la labor de cuidar las formas. Malo si pones límites, peor si dejas manga ancha. Salvando las distancias, viene a ser lo que me sucedió a mí en el control de los comentarios en este mismo blog. La verdad es que a partir del momento en que dejas las reglas claras y eres estricto en su cumplimiento se producen menos excesos. Al menos ésa es la sensación que yo tengo.

