Oleguer escribió un artículo hace unos meses a propósito del caso De Juana. Lo podéis leer en el enlace:
Es un poeta. Qué suerte tenemos los ignorantes de que él nos ilumina el camino. Me parece curioso que del listado de datos que da se le escapa decir que los crímenes de De Juana son veinticinco. A sangre fría. Con traición. Supondré yo también con muy buena fe que se le ha escapado la falta de precisión. Y también con buena fe supondré que el valora, como yo, todas las muertes por igual. Y que, como el estado de derecho al que con buena fe se cree, asume que la intención de un artículo, pongamos por caso, es importante en el momento de determinar si es amenaza o delito de opinión. Y me creeré, también con muy buena fe, que cree que un artículo amenazando de un tipo a punto de salir de la cárcel y que ha asesinado a veinticinco personas es, como mínimo, tenebroso.
En general lo que opine Oleguer Preses me da igual. No es nadie intelectualmente que tenga un prestigio que merezca atención. Como tantos otros. Como cualquier otro jugador: Pongamos por caso Salva Ballesta (facha consumado). Pero él se da eco a sí mismo aprovechándose de un privilegio mediático. Y en la medida que yo le pago parte del sueldo me indigna porque se aprovecha de un estatus que también pago yo.
También con buena fe me creeré que cuando corre por la banda desborda. Y con infinita buena fe me creeré que esas sandías que lanza son pases de cuarenta metros. Y que aquellos chutes de canario son tiros a porta. Pero a mi también se me agota la buena fe, y cuando rechaza y el jugador al que él ha de marcar remata solo y marca, no puedo asumir que eso sea normal. No, Oleguer no es un jugador normal. Es un tronco que no tiene nivel para jugar en primera división. Y claro, la buena fe no me llega para entender porqué ha sido titular. Y entonces uso la mitad de la mala fe que tiene él cuando se le agota la buena fe. Y pienso que quizá es la cuota de tendencia política en la línea de la directiva. Y pienso que esta cuota quizá daña al Barça. Y entonces recuerdo la final de París en la que él solito casi consigue que la perdamos. Y entonces ni buena fe ni ostias... Tanta hipocresía a mi sí que me agota la buena fe. Su misma buena fe. Mentira desde el principio, como es obvio.