De Arturo Pérez-Reverte me lo he leído todo. No es que sea mi escritor favorito pero es el único del que me he leído su obra completa.
Un día leí un artículo suyo en el que decía que contestaba cada una de las cartas que recibía. Leyendo "Corsarios de Levante" encontré una excusa para comprobar si era cierto. Lo es.
A él le honra y a mí me colma mi soberbia.
Puesto que no se entiende bien la letra transcribo lo que dice.
Querido amigo:
Gracias por su apunte o precisión, sobre la asequibilidad o accesibilidad del sargento mayor Biscarrués. En el calor del combate de una novela siempre se registran bajas. Ojalá todas fueran como esa. Le aseguro que las hay más gordas. Y lo malo es que todas las detecta uno mismo o las señalan otros con la 1ª edición ya impresa y en la calle. Gajes del oficio.
Reciba mi más afectuoso saludo.
Arturo Pérez-Reverte
Añado ahora la carta que le escribí.
Estimado Don Arturo Pérez-Reverte,
Recientemente me he leído la última entrega de “Las aventuras de capitán Alatriste”. “Corsarios de Levante” me ha parecido una novela estupenda de la que he aprendido unas cuantas cosas y que me ha permitido conocer un poco más tanto al capitán como a al resto de los personajes. En definitiva he disfrutado mucho leyéndola. Gracias por ello.
El motivo de esta carta no es sólo expresarle mi agradecimiento, aunque también. La excusa que me ha impulsado a hacerlo ha sido un pequeño error semántico que he detectado. En la página setenta y seis usted escribe “Era un hideputa cruel pero asequible…”. En la vigésimo segunda edición del diccionario de la RAE se define asequible como “Que puede conseguirse o alcanzarse”. Entiendo que usted confunde asequible con accesible, que este mismo diccionario, en su segunda acepción define como “De fácil acceso o trato”. Por si aún quedara alguna duda don Fernando Lázaro Carreter en la página cuarenta y ocho de su magnífico “El dardo en la palabra” trata exactamente este error y dice literalmente que asequible sólo debe aplicarse a cosas. En su descargo debo decir que don Fernando detecta este mismo error a don Pío Baroja.
Discúlpeme usted si le he parecido quisquilloso. Probablemente en este escrito usted será capaz de hallar errores más graves que la nimiedad que me he permitido el lujo de corregirle. Pero la tentación de corregir al académico del que me he leído más libros era demasiado fuerte para dejarla pasar. Probablemente sea pecado de soberbia. Espero que no me juzgue demasiado severamente pero le repito que la tentación era demasiado fuerte para que me pudiera resistir.
Atentamente,
Diego Zamora Cornadó
Barcelona, seis de enero de 2007.