Bajar la guardia
Entre todos vamos cediendo tensión. Por evitar conflictos toleramos situaciones que el buen gusto, la educación, el respeto y el sentido común dicen que no hay que dejar pasar; pero llamar la atención a un desconocido está mal visto. Y bajamos la guardia. Todos. Yo el primero.
Después de que todos hayamos tolerado más de la cuenta en el cine (conversaciones como si estuvieran en el salón de casa, gente comiendo haciendo más ruido que un gorrino hambriento...), el domingo vi unos homínidos (creo) yendo un paso más allá. Se llevaron al cine a un crío de no más de tres años. Lógicamente, el crío estuvo la mitad de la película llorando, es decir molestando. Y ninguno dijimos nada. El siguiente paso va a ser que esos mismo homínidos me pidan que se lo entretenga mientras ellos ven la película y se comen un cubo de palomitas mayor que el que yo uso para fregar mi casa (ya los venden de ese tamaño).

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