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Me llamo Diego Zamora Cornadó y soy nieto de Blas Zamora. Vivo en Barcelona y mi dirección de correo electrónico es: dzcantas@gmail.com.

Antas es el pueblo de mi padre y el mío también. No he nacido allí pero soy antuso. Está en Almería, en la costa de Levante, cerquita de Murcia. Recopilo léxico de mi pueblo y del Bajo Almanzora en general. Además escribo sobre distintas cosas que me inquietan o me gustan. Soy padre de Lucía.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

García Faria no es sólo una calle

Tal día como hoy de 1927, hoy hace ochenta años, moría en Barcelona Pedro García Faria. Fue uno de esos ingenieros de caminos convencidos de función social de su profesión. Tanto fue así que dedicó, en la medida que su puesto y superiores se lo permitían, la mayor dedicación profesional a la ejecución de obras de saneamiento y a las redacción de planes urbanísticos. Fue ingeniero jefe del Ayuntamiento de Barcelona momento en el que redactó el Proyecto de saneamiento del subsuelo de Barcelona. Alcantarillado – drenaje – residuos urbanos, en 1891. Este proyecto hizo pasar la red de alcantarillado de Barcelona de 33 a 212 quilómetros y en buena medida completaba el proyecto de ensanche de la ciudad de Ildefons Cerdà, que pensó el tratamiento de las aguas residuales a base de pozos ciegos y que probablemente hubiera generado brotes de paludismo o cólera.
Como tantos hombres valiosos que ha dado este país, el pago a su esfuerzo fue su cese con la coartada de un recorte de presupuesto en los gastos municipales. La auténtica causa de su cese hay que buscarla en un intento de soborno que no aceptó en una época particularmente convulsa y corrupta de este país.
De una vida más que ejemplar hay una anécdota que explica muy bien al personaje; Estando García Faria, destinado en Barcelona en el cuerpo de ingenieros del Estado, se dio una epidemia de cólera en el Manicomio de Sant Boi del Llobregat. Al saberlo se presentó en el Ayuntamiento de Barcelona para ofrecerse para solucionar la epidemia. Se aceptó su ofrecimiento y se le hizo responsable de los trabajos, cosa que hizo con diligencia, y arriesgando, hasta cierto punto, su propia vida. Y todo esto en 1885, momento en el que el cólera tenía muy mala curación y siendo los enfermos mentales poco menos que apestados sociales.

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