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Me llamo Diego Zamora Cornadó y soy nieto de Blas Zamora. Vivo en Barcelona y mi dirección de correo electrónico es: dzcantas@gmail.com.

Antas es el pueblo de mi padre y el mío también. No he nacido allí pero soy antuso. Está en Almería, en la costa de Levante, cerquita de Murcia. Recopilo léxico de mi pueblo y del Bajo Almanzora en general. Además escribo sobre distintas cosas que me inquietan o me gustan. Soy padre de Lucía.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Fernando VII

Tal día como hoy de 1833 moría Fernando VII que probablemente es el peor monarca de la historia de España, que ya es ser. Cerril, fanático, cruel y traidor, vendió a todo el mundo, especialmente al pueblo sobre el que gobernaba.
Alentado por un entorno de alta nobleza tradicionalista y de religiosos fanáticos, traicionó y conspiró contra su padre, probablemente el segundo peor monarca de la historia de España. En uno de los episodios más esperpénticos de su reinado, a cambio de una renta anual, abdicó en su padre, que a su vez había abdicado en José Bonaparte, también a cambio una renta anual.

Esperándo su regreso, mientras gobernaba José Bonaparte I, el pueblo lo bautizó como "El Deseado" y gritó una de las proclamas más tristes, cutres y necias que un pueblo puede gritar: "Vivan las caenas", mientras se dejaba la vida luchando cotra el ejército imperial francés

A su regreso a España mandó matar y encarcelar a numerosísimos liberales y afrancesados. Años más tarde llegó a jurar la constitución de Cádiz, para después retractarse y volver a asesinar liberales.

Promulgó la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica, para que fuera reina su hija Isabel II en lugar del infante Carlos (todavía más cerril y fanático que él), naciendo así el carlismo, ideología tradicionalista, cutre y ultramontana que trajo guerras, destrucción y atraso, incluida la guerra civil de 1936.

He encontrado una anécdota que se cuenta de él que ilustra bastante bien lo que fue el personaje. Siendo ya perfectamente adulto, en una fiesta ante toda la corte, tuvo el valor de preguntarle al Rey “Padre, hay una cosa que no comprendo… Si todos los reyes somos designados por gracia de Dios ¿cómo pueden existir malos reyes? ¿no deberían ser todos los reyes buenos?”. Ante tanta ingenuidad, Carlos III miró largamente a su hijo y, aún sabiendo que la nobleza en pleno estaba escuchando, le contestó “Pero que tonto eres, hijo mío”.

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