Estamos en un país en el que la responsabilidad, el sentido del deber y la longitud de miras han brillado por su ausencia. No solo en nuestros gobernantes, aunque diría que especialmente en nuestros gobernantes. Pero no nos queda otra que gobernarnos con responsabilidad.
En Antas eso tiene que empezar por reconocer las evidencias y por presupuestar con rigor y austeridad. Mucho rigor y mucha austeridad.
Rigor para transmitir transparencia y honradez, y austeridad para dar ejemplo y eliminar una deuda que ahoga y que es inaceptable.
El rigor tiene que ver con presupuestar y cerrar cuentas en sus plazos, y contemplando ingresos prudentemente.
La austeridad deberá llevar a un ajuste de los costes de estructura del ayuntamiento. Si el presupuesto municipal se ha reducido significativamente, cualquiera entiende que el coste de gestionar ése presupuesto (el coste de estructura) tiene que adecuarse. Así que hay que preguntarse, el equipo de gobierno tendrá que hacerlo, qué gastos puede recortar. No cabe aumentar más la deuda como se hizo en la última legislatura (o eso creemos puesto que todavía no están los presupuestos aprobados ni las cuentas cerradas). Aumentar la deuda ya era incomprensible en la legislatura anterior. En ésta sería una irresponsabilidad gravísima.