La confianza de un inmigrante
Ayer fui al registro civil para inscribir a mi hija. Mientras esperaba mi turno se me dirigió un hombre de origen chino, hablando un español muy básico (más preciso sería decir que no lo hablaba), muy educado y más desorientado aún. Con un poco de español, otro poco de inglés, algún gesto y bastante buena voluntad comprendí, creo, que buscaba los formularios que tenía que rellenar.
El hombre empujaba un carro con su hijo que le resultaba muy engorroso para moverse por las distintas plantas del edificio. En ese momento me pidió que le guardase a su hijo durante unos minutos mientras él se iba a otra planta a hacer algún trámite. Me quedé un poco desconcertado pero intuí que debía decirle que sí y lo hice.
En una mentalidad occidental del siglo XXI como la nuestra, nos parece inaudito (más bien pesamos que es una irresponsabilidad) dejar un hijo con un completo desconocido. Pero las cosas no siempre fueron así en este país. No hace tanto, alguna década, esta actitud era normal en nuestro país, el miedo no nos atenazaba y se tendía más a confiar en el prójimo.
Esta gente que ha llegado a nuestro país traen comportamientos que fueron nuestros en muchos aspectos. Y la verdad, en este punto, creo que son ellos los que tienen razón. A mí me gustaría ser capaz de fiarme de algún desconocido para dejarle mi hija recién nacida unos minutos.

1 comentario:
Primo, creo que el peaje que se paga por la modernidad y sus vástagos: el hedonismo, el individualismo y el materialismo, es eso que tu has dejado deslizar entre lineas:
EL MIEDO
Publicar un comentario