Extraños
Hoy he quedado para comer con unos amigos. Llego pronto (¡gracias moto!) y me dedico a observar a una pareja que tengo en una mesa cercana. Él tendrá unos cincuenta años. Viste con ropa de calidad pero para mi gusto algo pasada de moda. Casi rancia. Ella tendrá veinticinco años y es una mujer de bandera. A todas luces una fulana. Cara, carísima, pero fulana.
Lo de fulana es un oficio. Nada que decir. Nada que juzgar.
Él me parece ridículo. Puede pagársela pero no puede pagarse que el resto nos creamos que es su pareja. Y lo intenta. Se mueve con parsimonia, como si pagar un café fuera algo solemne. Dejándose ver. Es espérpentico. Espero que le cobre un pasta. Semejante capullo se merece un sablazo como los que los taxistas solían clavar a los guiris.

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