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Me llamo Diego Zamora Cornadó y soy nieto de Blas Zamora. Vivo en Barcelona y mi dirección de correo electrónico es: dzcantas@gmail.com.

Antas es el pueblo de mi padre y el mío también. No he nacido allí pero soy antuso. Está en Almería, en la costa de Levante, cerquita de Murcia. Recopilo léxico de mi pueblo y del Bajo Almanzora en general. Además escribo sobre distintas cosas que me inquietan o me gustan. Soy padre de Lucía.

miércoles, 9 de abril de 2008

Las reglas del juego

Tenemos un país en el que el perdedor tiene por costumbre quejarse de que las reglas del juego son injustas antes que asumir su derrota y reconocer los errores propios. Esto se da en todos los campos y actividades, pero en la política es especialmente poco edificante, por lo que tiene de mal ejemplo.

A bote pronto me vienen a la cabeza unos cuantos casos y, naturalmente, esta práctica tan poco elegante, se da en todos los partidos sin distinción de tendencia política regional.

Recuerdo a Maragall quejándose de que a pesar de haber obtenido más votos que CiU no podía gobernar, como si eso no fuera posible antes de la elección que le llevó a esa situación.

Años después recuerdo a CiU quejándose de no poder gobernar a pesar de tener más diputados en el Parlament, como si la suma de votos del resto fuera menos legítima que sus votos.

El PP tiene por costumbre quejarse después de cada elección de que en España los partidos nacionalistas le impiden gobernar, como si fuera inocente de su incapacidad para pactar con cualquier partido.

Izquierda Unida acaba de quejarse de que el sistema le perjudica, como si este mismo sistema no le hubiera permitido resultados excelentes en otras ocasiones.

La última la han protagonizado los colaboradores de Esperanza Aguirre, quejándose del sistema de selección de compromisarios para el congreso nacional del PP, como si fuera una novedad en este congreso.

No es que no se puedan cambiar la reglas. Es incluso saludable. Pero para que la petición tenga fuerza moral y sea discutible, parece razonable que se haga lejos de una elección, con ánimo de mejorar la situación y sin un interés especial en mejorar la situación propia. En otro caso suena a excusas de mal pagador.

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